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Liya Kebede



Liya Kebede* es modelo y embajadora de la OMS, nació en Addis  y nos muestra un trocito de la vida Etíopes sobretodo de las mujeres y los niños y como viven muchas veces en condiciones sanitarias pésimas. Como embajadora de la Organización Mundial de la Salud, Kebede trabajó para "llamar la atención" sobre el hecho que "cada día una media de 1.600 madres mueren por complicaciones durante el embarazo y el parto, y cerca de 11 millones de niños mueren cada año antes de cumplir el primer año de vida, de los que un millón mueren antes de los 28 días de su nacimiento".




Living Proof | Liya's Diary from ONE Campaign on Vimeo.

*Liya Kebede nació y creció en Addis Abeba (Etiopía) el 3 de enero de 1978. Mientras estaba en el colegio, un director de cine la filmó con su cámara y llevó posteriormente sus imágenes a una agencia francesa de modelos, donde no dudaron de sus posibilidades como maniquí. Tras varias negociaciones, finalmente la convencieron para que trabajara en la moda, aunque ella prefirió terminar primero sus estudios.




Siento que esté en ingles xicas!!! Pero más o menos se entiende...

Nuevo proyecto de Abay

Hace unos días vi el nuevo proyecto, la puesta en marcha de un centro para niños autistas en Addis Abeba, a mi estos temas me interesan particularmente porque gracias a mis estudios he podido trabajar con niños con diferentes tipos de dificultades y en alguna ocasión con niños con trastorno autista. Por eso me encanta este proyecto porque si en países desarrollados como este ya tienen problemas estos niños y sus familias en Etiopía no me quiero ni imaginar.


Para que tomemos conciencia de lo que supone el autismo en Etiopía, Rahel, madre de un niño autista que ha removido cielo y tierra para que este proyecto vea la luz, nos presenta en el siguiente vídeo entrevistas a varias familias con niños autistas, un vídeo duro pero que refleja la realidad de muchas familias en Etiopía:




Autismo en Etiopía from bini on Vimeo.




También aquí un texto de Lupe, colaboradora de APNABA y que escribe en el Blog Aulautismo :



”Siempre me he considerado afortunada de vivir en un país como España en el que todos nacemos con muchas oportunidades en la vida de las que desafortunadamente en otros países y lugares se carece.

En lo referente a la atención de personas con Trastornos del Espectro Autista, también valoro mucho vivir en unos tiempos en los que, aunque todavía falta mucho camino por recorrer, ya se ha recorrido parte de él por lo que los niños con TEA que nacen ahora son diagnosticados con mayor premura y disponen de una serie de servicios dónde se les atiende en función de su edad y necesidades. Hace no tantos años esto no sucedía así y era la lucha de otros, principalmente de padres que buscaban soluciones, lo que impulsó al desarrollo de los servicios que prestamos actualmente.”



Aquí podeis ver más información de este proyecto http://blogabay.wordpress.com/



Etiopía es verde



Tierras en época de sequía
 
      


Pues sí, Etiopía es verde, cuando lo digo a los amigos con los que hablo del país de nuestro peque se quedan con cara de " estos no se han enterado de Etiopía es conocida por sus sequías" y cuando les digo que hay lagos y cataratas preciosas y hasta hay época de lluvias donde se producen grandes inundaciones, pues ya piensan - ¿ estos que han fumado?-. Entonces viene la pregunta del millón - entonces ¿porqué hay hambrunas si la tierra y el clima son tan buenos?- .

Pues parece ser que los motivos son un poco más complicados de lo que nos tiene acostumbrados en los telediarios. La falta de canalización y sistema de riego es uno de ellos ya que el agua se pierde o inunda y eso destruye las cosechas, la falta de diversificación  de plantaciones también hace que las tierras estén agotadas, los precios de las semillas aveces se disparan y los campesinos no pueden comprarlas y cultivar, estas son algunos motivos aunque aquí lo explican mejor, es un articulo que habla sobre la "hambruna verde " que se da en Etiopía.

http://www.acp-eucourier.info/La-lucha-contra-la.142.0.html?&L=1


Así que queda demostrado que apesar de la información que tenemos de Etiopía que muchas veces no es completa, Etiopía es verde, muy verde, (menos el sur-este que esta próximo a Somalia), tanto que parece Asturias ( a que sí María.J), para mi marido la foto del post anterior era Requena, para unos amigos los Pirineos...

Aquí os dejo algunas fotos más ...





Demostrado que Etiopía en gran parte es verde, muy muy verde!
Todas las fotos son  del blog de una viajera que ha hecho un maravilloso reportaje sobre Etiopía, este es su blog...http://blancayelmundo.blogspot.com/2009/03/viaje-ex.html

El mago de Wukro


Ayudemos a hacer mágia en Wukro!

"Se dice que la Iglesia es la voz de los que no tienen voz, pero yo creo que los que no tienen voz, tendrían que ser la voz de la Iglesia. Pero hoy por hoy esa gente no tiene voz en la Iglesia. No se cuenta con ellos, ni se discute con ellos, no se programa con ellos. Son algo así como el objeto de nuestra caridad, y yo creo que tendrían que ser sujetos del desarrollo. Desde esa perspectiva trabajo"

                                                                                                                     Angel Olaran
http://www.angelolaran.org/esp/angelolaran.html





Un hombre excepcional, Asfaw Yemiru.

Etiopía es uno de los países más pobres del mundo. Los habitantes del país han sufrido en repetidas ocasiones la guerra y la sequía. Más de la mitad de la población son niños menores de 15 años. Casi dos de cada tres etíopes no saben leer ni escribir. La escuela es gratuita y obligatoria durante los primeros seis años, pero menos de la mitad de la poblacion infantil empieza la escuela.




Asfaw Yemiru era un niño de la calle en la capital de Etiopía, Addis Abeba. Nació en 1943, y pronto sufrió penalidades como otros tantos niños, cuya esperanza de vida era muy escasa, sobreviviendo de la caridad, durmiendo a la intemperie y realizando los trabajos que surgían, muchas veces impropios para sus edades.
Su vida es sinónimo de entrega a los demás, ya desde temprana edad. Cuando contaba con 9 años, siendo niño de la calle, ayudó a una mujer a transportarle las bolsas de la compra. Ella se interesó por su situación y en agradecimiento le prestó ayuda para que acudiera a la escuela. Ese acto fue el punto de partida de una nueva vida para Asfaw.
Los estudios de Asfaw progresaban muy satisfactoriamente, y fue en secundaria cuando reflexionó sobre lo vivido. Observó cómo había progresado y las miserias que sin embargo seguían sufriendo sus antiguos amigos y compañeros de penalidades, mientras él disfrutaba de suficiciente alimentación y materiales de estudio. En la escuela sobraba siempre abundante comida, mientras que aquellos niños extremadamente pobres que no habían tenido su oportunidad, seguían pasando hambre y viviendo a su suerte.


Tuvo entonces la idea de expedir unas tarjetas para que los niños pudieran alimentarse de las sobras de los alumnos de su escuela. Pero vio que eso no era suficiente; los niños también necesitaban una educación, y con 14 años él mismo asumió esa tarea: se hizo con una pizarra y bajo la sombra de un gran árbol anexo a un cementerio próximo a su escuela, comenzó a darles clase de los conocimientos que él había adquirido. “Ví que me daban todo, educación, comida, libros, era extraño para mí no tener que devolver nada y lo hice de esa manera”, explica Asfaw.
Cuando contaba con 18 años, Asfaw no se conformó con aquella situación. Pensó que para proporcionarles una buena educación a los niños había que mejorar las condiciones de habitabilidad. Fue así, que solicitó ayuda al emperador de Etiopía Haile Selassie. El emperador le otorgó entonces una parcela de 300 metros cuadrados para construir su nueva escuela. Como no tenía medios, los muchachos le ayudaron con maderas y ladrillos rotos que consiguieron en un vertedero de una fábrica cercana. “Construimos cuatro aulas donde de día se daban las clases y de noche dormían los niños, y para elegirlos, me decidía siempre por los más pobres”, dice Asfaw.


Aquí comenzó un proyecto que ya no se detuvo. A los quince años de comenzado ya se contaba con más de 60 aulas y más de 2.500 estudiantes, siendo la escuela reconocida oficialmente por las autoridades. Cabe destacar que en ella los alumnos conseguían los mejores resultados del país año tras año.
La escuela y los materiales de estudio eran gratuitos, pero no siempre era suficiente ya que las familias más pobres dependían de sus hijos para trabajar. Con las ayudas que iba recibiendo de personas e instituciones Asfaw también proporcionaba dinero a las familias, así como leche todos los meses o una contribución para que ellas pudieran criar pollos y ser autosuficientes.
En la escuela se prohibía golpear a los niños (algo habitual en las escuelas públicas), y se les motivaba en una atmósfera positiva de compromiso y respeto. Los niños no sólo aprendían las materias habituales, sino también labores prácticas como por ejemplo administrar una granja.

Asfaw hizo posible que muchas niñas pudieran asistir a la escuela, de hecho asístían en mayor número que los varones. En otras escuelas del país la situación era la opuesta.

Asfaw Yemiru recibió en 2001 el premio de los Niños y Niñas del Mundo por los Derechos de la Infancia.

En Diciembre de 2010, contando Asfaw con 66 años de edad, la Fundación gallega Tierra de Hombres quiso reconocerle esa vida solidaria, haciéndole entrega del Premio Honorífico de la Fundación, junto a otras instituciones que también colaboran en su proyecto.



Asfaw Yemiru y varios representantes de la fundación Tierra de Hombres, previo a la ceremonia de entrega del Premio de la Institución.



Fuente:

http://www.tierradehombres.org/
http://childrensworld.org/

Africa para niños

La Comisión Europea nos invita a conocer más de África y la cooperación a través de un divertido e interesante juego. Así que es ideal para que nuestros peques de Etiopía o de cualquier otro lugar, aprendan jugando un poquito más sobre este continente, sumergidos en una aventura de la mano de Mathias y Amadou, amigos desde la infancia y cooperantes de una ONG. Ha que pinta bien?

La verdad es que es muy divertido tanto para niños como para mayores.Provad y me contáis.



Juego de Matias y Amandou cooperación en África


 



Pinchad en el enlace de abajo :


http://www.mathiasandamadou-thegame.eu/

CARTA PADRE ANGEL OLARAN

Ángel Olaran és un misionero vasco que lleva más de 40 años al continente Africano ayudando a las personas más necesitadas en paises como Tanzania, Somalia y por último Etiopía.






¿QUIEN ES?

En Wukro, localidad de la región del Tigray en el norte de Etiopía y con una población de más de 40.000 habitantes se encuentra la misión de S. Mary's, donde el misionero tiene a su cargo más de 2.400 huérfanos que dependen totalmente de la ayuda que les proporciona.
Ángel Olaran es una persona abnegada, sacrificada y entregada en cuerpo y alma a los más necesitados donde vive y comparte su miseria, su hambre, su sufrimiento, sus enfermedades y su muerte.
Ha vivido de muy cerca los destrozos personales y familiares más crueles e inhumanos que podamos imaginar.
Las enfermedades que asolan el pais como el Sida y la tuberculosis hacen que Ángel Olaran haga de figura paterna en familias de huérfanos donde el hermano mayor cuida de los más pequeños en una casas de alquiler proporcionadas por el programa de ayuda que él emprendió. Cada día los visita, cuida y vela para que les falte el menos posible.



CARTA DE ÁNGEL OLARAN DESDE WUKRO:
“Nací en Guipúzcoa, en Hernani, hace un montón de años. Trabajé durante 4 ó 5 años en un banco. Después, de alguna forma, me vino la idea de lo que era conocido como mundo de misiones o Tercer Mundo. Yo quería trabajar en África, lo tenía claro, y no se porqué. Me puse en contacto con los Misioneros de África. Me ordené con 23 años, después del servicio militar, y cuando me preguntaron que dónde quería trabajar, yo tenía preferencia por Tanzania.


Para mi Jesús es una persona muy importante. Lo que Él me ha dado no me corresponde, no es mío, es para los demás. Se me ha dado gratuitamente y lo tengo que dar gratuitamente. Creo que el desarrollo personal está en función del trabajo que yo pueda hacer para los demás. Desarrollar lo que tengo yo pero no para mí, sino para ponerlo al servicio de los demás. De esa forma yo desarrollo también mi personalidad. Este es el concepto que tengo yo de Dios


Por una parte la ideología social de Mireri, y por otra mi experiencia personal de Jesús, me trajeron a África. Estuve 20 años en Tanzania y llevo 13 en Etiopía
Se dice que la Iglesia es la voz de los que no tienen voz, pero yo creo que los que no tienen voz, tendrían que ser la voz de la Iglesia. Pero hoy por hoy esa gente no tiene voz en la Iglesia. No se cuenta con ellos, ni se discute con ellos, no se programa con ellos. Son algo así como el objeto de nuestra caridad, y yo creo que tendrían que ser sujetos del desarrollo. Desde esa perspectiva trabajo
Creo que el subdesarrollo de África se debe en primer lugar a la falta de una infraestructura que anime a invertir en el continente
Tenemos el problema de que hay muchos líderes africanos que no son honrados. En los años 60-70 África se independizó de las potencias coloniales europeas, y yo creo que ahora se tiene que independizar de muchos de sus propios líderes. Hay mucha corrupción, mucho nepotismo. Los líderes son intocables. Cuando África se independizó apenas tenía gente formada que se enfrentara, discutiera o propusiera a los políticos. El mundo universitario e intelectual está creciendo ahora, y puede que ellos empiecen a oponerse. Puede que se consiga también la independencia de los estos políticos, que entraron siguiendo la misma ideología que los europeos. Quizá haya cambiado el color, pero no la mentalidad, aprovechar el poder para beneficiarse ellos mismos
Existe también un problema internacional. África tiene una agricultura muy fuerte y produce mucho, pero los precios se ponen en Europa. África no puede discutir los precios. Los gobiernos de aquí no pueden apoyar a sus labradores tal y como lo hacen los gobiernos europeos y americanos, por lo que estos no pueden competir con los precios del mercado, haciendo que la economía se vaya al garete. Hay gente que cultivaba café y ya no puede, ni algodón, ni azúcar, a causa de esta competición injusta en el mercado internacional, que es a todas luces criminal. Esta es una causa muy seria de la pobreza en África

Luego también están los paraísos fiscales que se han montado los gobiernos europeos, donde ellos están libres de impuestos a la hora de vender sus productos, y sin embargo vienen aquí, y hay cantidad de impuestos que ellos no pagan, y exigen a la gente de aquí que si lo haga. Hay muchas poderosas compañías internacionales en esta situación, y los gobiernos no tienen poder sobre ellos


Tenemos mucho que ver aquí, pero el sistema económico internacional juega muy a favor de Europa, y de una manera muy desleal. Es como quitar a una persona de aquí el pan de cada día, por si puede faltar en algún banquete de Europa. Quitamos el pan de aquí para llevar ese dinero a una sociedad que está casi desmoronándose por la riqueza


Ayer leía unas estadísticas después de todo lo que Blair y gente como él ha dicho de que es la época de África, y eso lo escucha la población y piensa que se está haciendo algo, pero solamente en África hay 450 millones más de personas que vive peor que hace 2 años. Creo que eso de perdonar la deuda son pequeños parches, ya que por una parte perdonas la deuda, pero por otro no cambias el sistema económico que está creando dichas deudas


Todo lo que sea ayuda para el desarrollo encuentra muchos obstáculos, pero no vemos que haya ninguno para que en este país, o en países africanos, existan aviones de guerra o armamento militar. Nunca hemos oído de una guerra aquí que acabara porque se haya acabado la munición, sin embargo muere mucha gente porque es imposible hacerles llegar comida. Y yo creo que no hay una voluntad seria, ni política, ni económica, ni religiosa de solucionar el problema


Luego está la globalización, que es un hecho del que no podemos apearnos, y no porque África no quiera, sino porque Europa –el primer mundo-, la necesita para aprovecharse del tercer mundo-


Yo quisiera imaginarme a un grupo de hombres y mujeres que automáticamente matara a 30.000 niños cada año. Habría una reacción impensable, serían criminales, terroristas, enemigos públicos número uno. Sin embargo, este sistema provoca la muerte de millones de niños, o que otros tantos millones, de tan solo 13 ó 14 años, tengan que prostituirse, y nadie se echa las manos a la cabeza


Muchas de estas niñas se ven avocadas a la prostitución, pues no tienen otra salida. Y prostituyen su cuerpo, pero no su alma. En cambio, muchos de los grupos de poder de Europa es cierto que no prostituyen su cuerpo, pero prostituyen su alma a diario. Y es esa prostitución de su alma la que hace que estas niñas tengan luego que prostituir su cuerpo


Hay quien considera que hacerse cargo de un niño es un trabajo asistencial, que no tiene nada que ver con los derechos humanos. Sin embargo, una de los primeros derechos que la persona tiene es la comida. No es algo asistencial. La comida, la salud, la educación y el techo son derechos inalienables”.

Esta carta es un rayito de luz que me sirve para comprender de primera mano la situación del pais en el que nacerá o habrá nacido nuestro hijo, espero que cuando sea mayor conozca estas realidades contadas por personas que se han ganado toda mi admiración, y le sirva para encajar las piezas del puzzle de su vida, donde Etiopía forma una parte importantísima.

El saquito salvavidas



Como todos sabemos en muchos lugares del planeta adultos pero sobre todo niños necesitan ayuda alimentaria y sanitaria para salir a delante, esto es un alimento simple pero a la vez muy eficaz, y me alegro de que a veces nuestra maquinaria (cerebro) se ponga en marcha para ayudar a los que nos necesitan.Aquí dejo el articulo completo es un poco largo (bastante) pero es que no pude abreviarlo porque es tan interesante....
"A veces, un pequeño invento puede resultar de extrema utilidad. Es el caso del Plumpy'Nut, un alimento terapéutico que está ayudando a mitigar los efectos de crisis alimentarias como la que vive estos días el cuerno de África. Quinientas kilocalorías a base de cacahuetes, vitaminas y minerales que han transformado la manera de combatir la malnutrición infantil. Lo comprobamos sobre el terreno en Etiopía, donde 6,4 millones de personas necesitan hoy ayuda de emergencia. "
Existe una siniestra correlación entre la circunferencia del brazo de un niño y su riesgo de morir por malnutrición. Se busca el punto medio entre el codo y el hombro, y si la circunferencia en ese punto es menor o igual a once centímetros, el niño padece malnutrición severa aguda. O, lo que es lo mismo, tiene un riesgo alto de morir de hambre. Hay otros métodos: se puede, por ejemplo, estudiar la relación entre el peso, la edad y la altura del niño. Pero éste es más sencillo y parece que más preciso: once centímetros de brazo significa malnutrición severa aguda. Lo más sorprendente es que la medida vale para niños y niñas de entre seis meses y cinco años.

Once centímetros, como la circunferencia de un plátano. Eso es lo que mide el brazo de Senara Dana, una niña de tres años y 8,1 kilos de peso. Ha venido en el regazo de su madre desde su aldea hasta este rudimentario centro de salud. Una hora de paseo por caminos de tierra del sur de Etiopía. Es una niña preciosa, no llora, no tiene mala cara. Pero un experto advertiría que su piel, debajo del vestidillo rojo, está algo despigmentada y apergaminada, menos elástica de lo habitual; que después de pellizcarla tarda unos segundos en volver a su estado normal. Observaría que apenas logra seguir con la mirada el movimiento de un objeto a un palmo de su cara, que responde algo peor a los estímulos que la media. Lo observaría si Senara se desenganchara del pezón de su madre, del que intenta extraer una leche casi agotada por sus dos hermanos pequeños.

Antes de entrar en esta caseta de planta circular, Senara ha estado en otra donde la han pesado, la han medido, le han presionado con los pulgares en los empeines para detectar edemas -síntomas del tipo de malnutrición conocido como Kwashiorkor- y le han colocado alrededor del brazo una cinta métrica de tres colores. Al apretar la cinta, ésta se ha deslizado pasando del verde al amarillo, hasta detenerse en la frontera con el color rojo que empieza en los once centímetros. El color que indica malnutrición severa aguda.



Dentro de la sala, Senara y su madre han esperado su turno. La madre se ha sacado de la axila una ficha de cartón llena de unas palabras que no comprende y se la ha entregado a la joven sentada en la mesa del centro de la sala. Han charlado en su idioma y la joven ha ido rellenando una de las páginas cuadriculadas de un grueso libro con los datos de la niña. Senara Dara. Ref.: 351 055. Una columna para cada semana; una fila para cada uno de los posibles síntomas (diarrea, vómitos, tos, apetito, temperatura, vista, oído, nódulos linfáticos, piel...).



La joven mete la mano en una caja y entrega a la madre un puñado de saquitos de papel metalizado rellenos de una sustancia llamada Plumpy'Nut. La madre rompe con los dedos una esquinita de uno de los envases y Senara succiona con ansia el interior, una pasta con sabor a mantequilla de cacahuete, pero más suave y más dulce. La niña volverá a casa con su madre y, a razón de dos saquitos por día, recuperará en dos o tres semanas el peso normal. Dicen que no falla. Si Senara hubiera nacido hace diez años, probablemente habría muerto. Pero correrá mejor suerte gracias a este alimento terapéutico que los expertos califican de revolucionario a la hora de combatir crisis alimentarias como la que vive estos días el cuerno de África.
Esto es Fulasa, un pequeño pueblo en SNNPR. Las siglas dan nombre a una región del sur de Etiopía con 77 distritos habitados por 45 grupos étnicos que hablan, cada uno, al menos un idioma diferente y que profesan, casi al 50%, el islamismo o el cristianismo ortodoxo. La región más rural (91% de sus habitantes) de un país eminentemente rural.
Aquí todo es verde, fértil, colorido, es lo primero que sorprende al visitante. Lo llaman la green famine (la hambruna verde). No es fácil comprender que en un sitio así sólo el 45% de los hogares consuma la ración diaria mínima de comida (2.200 kilocalorías) que establece la Organización Mundial de la Salud; que el 42% de los niños esté por debajo de su peso. Pero sucede. Las razones hay que buscarlas en la primitiva organización de la agricultura, en años de mala gestión política, en la natalidad descontrolada de uno de los países más poblados de África (más de 75 millones de habitantes). La familia media en las zonas rurales tiene seis o siete miembros que habitan una casa de 30 metros cuadrados y cultivan a mano, sin tecnología, menos de una hectárea. "Los llaman las granjas del hambre", explica Marc Rubin, jefe de operaciones sobre el terreno y emergencias de Unicef en Etiopía. "Hogares con demasiada gente que dependen de tierras demasiado pequeñas".



En condiciones normales, la cosa se sostiene. Lo de que se sostiene, en realidad, tiene sus matices: el Programa Mundial de Alimentos de la ONU provee comida suplementaria a más de siete millones de personas regularmente en Etiopía. Ésa es la situación normal, una situación que no impidió un esperanzador desarrollo económico del país en los últimos cinco años a ritmos de crecimiento del 10% anual. Pero el equilibrio es frágil y la cosa se complica cuando suceden imprevistos. Tal es el caso ahora.



Dos de las tres temporadas de lluvias han fallado este año y se han perdido las cosechas. Para una familia de seis miembros que depende de una agricultura de subsistencia sin apenas márgenes y sin capacidad para guardar excedentes, la pérdida de una cosecha puede ser letal. Y eso, unido al aumento global del precio de la gasolina y de los alimentos, que hace que llegue a triplicarse en el mercado el precio de algunos productos traídos de fuera, confluye en la actual situación de alarma. El Gobierno etíope anunció el pasado 14 de octubre que 6,4 millones de personas en el país (1,8 millones más que en junio de este mismo año) necesitan ayuda de emergencia. "El cuerno de África se enfrenta a la peor crisis humanitaria desde 1984", dijo en septiembre la directora del Programa Mundial de Alimentos, Josette Sheeran, "y Etiopía está atrapada en el medio".
No es fácil cuantificar las crisis alimentarias. Pero la gran diferencia entre aquella emergencia de 1984, la otra gran crisis de 2003 y la de ahora es que hoy se está respondiendo mucho más eficazmente. "En 1984 había menos gente en peligro, entre seis y siete millones de personas necesitadas de ayuda alimentaria, aunque la población total también era menor", explica Viviane van Steirteghem, representante de Unicef en el país. "Pero la capacidad de respuesta era casi inexistente. En cuanto a la crisis de 2003, se habla de 13,2 millones de afectados. Lo que ocurre es que en esa época aún no existía el programa de Productive Safety Net, que en la actualidad proporciona ayuda alimentaria regular a 7,2 millones de personas. De modo que si sumamos a esos 7,2 millones los 6,4 millones que hoy necesitan ayuda de emergencia, llegamos a un nivel superior al de la crisis de 2003. Lo que ocurre es que la eficacia de la respuesta hoy es mucho mayor, gracias, en parte, a Plumpy'Nut".
Una de las virtudes de Plumpy'Nut es que saca el tratamiento contra la malnutrición severa de los hospitales y lo lleva a las casas. Antes se utilizaban productos lácteos en polvo que debían mezclarse con agua. Se necesitaba agua potable, energía para calentarla, utensilios limpios y una elevada precisión en la mezcla, que, una vez realizada, sólo mantenía sus propiedades durante unas horas. Por eso la malnutrición severa se tenía que tratar en centros de salud: recuerden aquellos grandes campamentos sanitarios donde se hacinaban los niños enfermos, multiplicándose el riesgo de epidemias. Además, durante el tratamiento la madre debía permanecer en el hospital con el hijo malnutrido, de manera que no podía cuidar del resto de sus hijos en casa.
Plumpy'Nut no necesita mezclarse con agua, pertenece a los productos llamados RUTF (siglas en inglés para "alimento terapéutico listo para usar". Sólo hay que abrir una esquinita del paquete y esperar a que el niño se lo coma. Es más barato que las antiguas fórmulas lácteas (el tratamiento completo en África de un niño durante dos semanas cuesta unos 12 euros) y puede almacenarse durante dos años sin que pierda sus propiedades. La madre sólo tiene que ir una vez por semana a recoger sus saquitos, controlar en casa que el hijo coma dos al día (lo hará con sumo gusto) y verlo engordar. El tratamiento se realiza en casa, permitiendo que la madre continúe con sus labores habituales y liberando recursos en los hospitales para ocuparse de los niños más enfermos. Es básicamente una dulce crema de cacahuetes (un alimento autóctono muy bien tolerado cuyo sabor les gusta a los niños), mezclada con un sofisticado complejo vitamínico, que aporta 500 kilocalorías por cada saquito.

 

 La idea del Plumpy'Nut nació en la mesa de desayuno del científico francés André Briend en 1999. Mientras untaba Nutella en su tostada se le encendió una bombilla que provocó un giro en su línea de investigación. Llevaba años intentando desarrollar un complemento alimenticio listo para usar. Lo había intentado con barritas de chocolate, pero no se conservaban bien, se derretían con el calor y al añadir las vitaminas y proteínas, el sabor empeoraba. Aquel desayuno con Nutella le hizo pensar que una pasta funcionaría mejor.
La fórmula se fue perfeccionando, y Nutriset (www.nutriset.fr), una empresa francesa especializada en alimentos terapéuticos, empezó a comercializar el producto bajo el nombre de Plumpy'Nut, que es la unión de las palabras en inglés para gordito y cacahuete. Se utilizó en el terreno por primera vez en la crisis humanitaria de Darfur (Sudán) y en Níger en 2005. Desde entonces, el éxito ha sido tal que el debate ahora, como recogía la revista Science el mes pasado, está en si sería interesante utilizarlo, no ya para curar, sino para prevenir la malnutrición.


La demanda ha ido creciendo exponencialmente, tanto que, con la situación de emergencia actual en el cuerno de África, la producción en la fábrica francesa no da abasto. Por eso, desde hace unos años se ha empezado un programa de franquicias que permite producir Plumpy'Nut en empresas locales con las garantías de calidad que asegura la patente francesa.


Estamos en la sede de Hilina Enriched Food Processing Center Plc., en Legetafo, a unos pocos kilómetros al norte de la capital etíope, una de las plantas africanas donde se produce Plumpy'Nut sobre el terreno (hay otras en Níger y en Malawi). Belete Beyene muestra orgulloso la fábrica que creó desde la nada, y que el año que viene habrá duplicado su capacidad con una nueva planta de 1.500 metros cuadrados que se está construyendo al lado. Aquí se trabaja 24 horas al día, en turnos de ocho horas. Un total de 104 trabajadores, todos etíopes, jóvenes, mujeres en un 60%, cobrando 55 dólares al mes (20 más que el salario mínimo). Empezaron en 2007 fabricando 100 toneladas de Plumpy'Nut al mes. Ahora casi han triplicado su producción. Y para 2010, con la nueva planta a pleno rendimiento, esperan estar produciendo 600 toneladas al mes, la mitad de lo que produce en la actualidad la fábrica francesa.


Belete, un hombre corpulento, afable, encorbatado, se sienta en el escritorio de su solemne despacho, presidido por las fotos de sus cuatro hijos (una hija suya da nombre a la fábrica), y explica cómo se embarcó en esta aventura. "Debido al rápido crecimiento de la demanda", cuenta, "Unicef se planteó la posibilidad de promover que se trajera parte de la producción aquí, que es donde se necesita el producto. Se pusieron en contacto conmigo, que tenía una pequeña fá­brica donde producía otro tipo de alimentos terapéuticos, y yo les dije que podría hacerlo, pero que necesitaba dinero. Ellos buscaron una patrocinadora, la estadounidense Amy Robbins, que donó a Unicef 300.000 dólares. En Etiopía tenemos buenos cacahuetes, aceite de soja y azúcar de caña. Tenemos el 80% de los materiales necesarios. Sólo necesitamos importar la leche en polvo de India, y la mezcla de vitaminas y minerales, que compramos de Nutriset, que audita también la calidad del proceso".


Ahora venden el total de su producción. El principal cliente es Unicef, que compra el 50%, y el otro 50% se lo reparten una serie de ONG, entre ellas Médicos Sin Fronteras (10%) o la fundación de Bill Clinton (10%). Ahora Hilina es socio de Nutriset. Pero Belete defiende el método de la franquicia y el hecho de que exista una patente porque, dice, garantiza un control de lo que se hace. "Se necesitan muchos controles de calidad", asegura. "No estamos ante una producción industrial cualquiera. Si no tienes cuidado, puedes matar a un niño". Para Unicef, el hecho de que exista una patente no es, de momento, un freno para la expansión de Plumpy'Nut. "Nuestra visión en este asunto", cuenta Van Steirteghem, "es que todo ha ido extremadamente rápido. Nadie estaba siquiera interesado en producir Plumpy'Nut hace un año. No había mercado para ello. Ahora, en los próximos seis meses, se disparará. Y entonces esta discusión sobre la patente y cómo asegurar el control de calidad tendrá sentido".


Ésta es una población mayoritariamente rural, dispersa geográficamente por un país muy extenso, con malas infraestructuras, nulo control de la natalidad... Por eso la invención de Plumpy'Nut por sí sola no habría sido suficiente para combatir una emergencia como la actual. No basta con tener el producto, hay que lograr que llegue a los que lo necesitan. Y para ello el Gobierno ha creado, con la asesoría de Unicef, una red sanitaria ambulatoria que permite que Plumpy'Nut esté allí donde hace falta. "En Etiopía ha coincidido la primera demanda masiva del producto con el programa de extensión de la sanidad que empezó en 2004", explica Van Steirteghem. "Es decir, tienes el producto y tienes un mecanismo para que la atención alcance al nivel de las aldeas. No funcionaría el uno sin el otro. El programa de extensión de la sanidad tampoco serviría con los productos de leche anteriores. Pero con la convergencia de los dos factores estamos logrando responder mejor a esta crisis".

La piedra angular de ese programa son los llamados health extension workers, algo así como trabajadores de extensión de la sanidad. Son unos 24.000 jóvenes de zonas rurales, mujeres casi en su totalidad, a los que se forma y se emplea para visitar a las familias de su comunidad, detectar los niños enfermos o malnutridos y atraerlos hacia los hospitales o los programas de Plumpy'Nut.

Bedria Tadele es una de esas trabajadoras. Tiene 22 años y tres hijos. Empezó a trabajar en esto hace dos años, después de un proceso de selección. "Hay que competir por el puesto", asegura orgullosa. Se fue a la ciudad, donde recibió una formación de un año. Ahora cobra un salario del Gobierno y es responsable, con otras dos compañeras, de una comunidad con 3.188 personas repartidas en 708 hogares, la misma comunidad donde creció la propia Bedria. Camina unas decenas de kilómetros para visitar entre seis y diez hogares cada día. A la pregunta de qué necesitaría para hacer mejor su trabajo, responde sin dudarlo, con sonrisa tímida: "Una moto".


En las visitas a las casas, Bedria habla con las madres, observa a los hijos, les mide la circunferencia del brazo y busca síntomas de enfermedad. Cuando detecta malnutrición, se lo explica a la madre y le da una cita para acercarse al puesto de salud más próximo. Estos precarios centros ambulatorios, que no necesitan más equipamiento que una balanza para pesar a los niños, una tabla para medirlos, stock de Plumpy'Nut y algunas medicinas, han ido extendiéndose hasta lograr que en regiones como ésta casi toda la población pueda llegar andando hasta el puesto más próximo. Si el niño que llega necesita tratamiento más sofisticado, se le traslada a un hospital más dotado.



Se trata de una eficaz red sanitaria que empieza en hogares como éste, el del pequeño Israel, un niño de nueve meses que combate la malnutrición y la enfermedad desde hace una semana con Plumpy'Nut, leche materna y antibióticos. A su casa se accede por un angosto camino de barro, invadido por la frondosa vegetación que brota salvaje de un costado. Por el otro se abre camino un riachuelo que baja con fuerza, causando algún desprendimiento de tierra, debido a las intensas lluvias de esta temporada, la primera desde hace meses que parece estar cumpliéndose, aunque algo más salvajemente de lo deseable. El sendero desemboca en una extensión de hierba rodeada de árboles y presidida por la casa circular de barro, de unos 30 metros cuadrados, donde vive Israel con sus padres y sus tres hermanos mayores, Simón, Mateo y Johanes.



El suelo de la casa es de tierra. No hay electricidad, la única luz la aporta un par de lámparas de nafta. Hay dos pequeños catres hechos de ramas. En uno duerme el padre y en el otro la madre, cada uno con dos hijos. Comparten techo con una vaca, un toro y un joven ternero. Algo contra lo que Bedria, su health extension worker, ya les ha advertido: vivir en la misma habitación que el ganado constituye una amenaza para enfermedades como el tétanos. Ya les están construyendo una cabaña en el exterior, asegura la madre, con el pequeño Israel en brazos.



Parece que Israel está mejorando con el tratamiento. Ha ganado peso, dicen, y se le ve más despierto. Como él, un total de 135.000 niños se han beneficiado hasta ahora de esta masiva respuesta a la crisis de malnutrición que atraviesa Etiopía, una de las mayores acciones acometidas globalmente hasta la fecha. Pero la emergencia no ha desaparecido: el Gobierno etíope estima que 84.200 niños requerirán cada mes alimentación terapéutica hasta el final de este año.



Alrededor de la casa, el maíz y el falso banano que cultiva el padre de Israel aún están verdes. Si las lluvias continúan, puede que esta cosecha no se pierda. Quizá en unos meses haya comida para Israel y, al menos durante un tiempo, no tenga que volver al Plumpy'Nut.



http://www.elpais.com/articulo/portada/saquito/salva/vidas/elpepusoceps/20081109elpepspor_7/Tes

EL PROYECTO DE PAU



PAU GASOL, CON LOS NIÑOS DE ETIOPÍA



Mañana viernes 17 de septiembre no nos podemos perder en La Sexta un programa sobre como Pau Gasol y Unicef ponen en marcha una serie de proyectos para mejorar la calidad de vida y la educación de miles de niños en Etiopía. Se trata de un elaborado reportaje que nos muestra todo el camino recorrido desde que Pau decidiera en el mes de abril actuar en Etiopía.







El campeón de la NBA Pau Gasol, Embajador de UNICEF España desde 2003, se ha implicado en un proyecto para el acceso a la educación, la lucha contra la malnutrición infantil y la promoción de los derechos de los niños en situación más vulnerable. La acción de UNICEF en Etiopía pretende alcanzar a los niños en situación más vulnerable: huérfanos, discapacitados o que viven en zonas rurales, trabajando como pastores y sin acceso a su derecho a la educación y a los servicios básicos más elementales, como nutrición o saneamientos adecuados. Pau Gasol se ha unido a este trabajo contribuyendo a la iniciativa Schools for Africa (Escuelas para África), al programa de prevención de la desnutrición y a la promoción de los derechos de niños con discapacidades. En Etiopía existen áreas en las que la tasa de escolarización apenas llega al 20% de los niños en edad escolar. El apoyo de Pau Gasol a Escuelas para África se materializará en la construcción y puesta en marcha de siete escuelas para unos mil niños en situación vulnerable: que viven en pobreza extrema, en comunidades remotas y aisladas o que son nómadas. Poder ir a la escuela significa para estos niños, tener la oportunidad de un futuro diferente y, para sus comunidades, significa tener oportunidades de desarrollo. El proyecto incluye la construcción de las escuelas, la formación de maestros, el mobiliario de las aulas, el material escolar, el abastecimiento de agua y la instalación de letrinas.



Aquí os dejo el enlace de la web del proyecto http://www.lasexta.com/elproyectodepau.